Four Corners

viernes, 11 de septiembre de 2015

El secretismo en la memoria viola la dignidad humana

La presentación contó con el procurador para la Defensa de los Derechos Humanos,
David Morales, el director nacional de Bibliotecas, Manlio Argueta; el presidente
de la Fundación Latitudes, Edgar Romero, el antropólogo sociocultural, Miguel Villela,
 y el especialista en periodismo en profundidad, Omar Luna.
Imágenes Libres.

El secretismo de la información que experimenta sobre la memoria El Salvador contrasta con la época del conflicto armado, ya que circulaban registros de personas disidentes u opositoras políticas con claras intenciones de ser eliminadas por parte de las máximas autoridades de la Fuerza Armada de El Salvador (FAES), tal como señala el procurador para la Defensa de los Derechos Humanos, David Morales.

La reconstrucción de la memoria por medio del texto, la imagen y el acceso público para las personas es parte de la dignidad humana, por lo cual El Centro de la Fotografía de la Fundación Latitudes presentó hoy en la Biblioteca Nacional "Francisco Gavidia", San Salvador, El Salvador, los principales hallazgos de una investigación que digitalizó "El Libro Amarillo", documento secreto de consulta elaborado por el ejército salvadoreño en la época del conflicto armado para registrar opositores políticos con la finalidad de perseguir y exterminar a estos “Delincuentes Terroristas” (D/T).

La presentación contó con el procurador para la Defensa de los Derechos Humanos, David Morales, el director nacional de Bibliotecas, Manlio Argueta, el presidente de la Fundación Latitudes, Edgar Romero, el antropólogo sociocultural, Miguel Villela, y el investigador especialista en periodismo en profundidad, Omar Luna, quienes coincidieron en resaltar la importancia del rescate de los archivos de la memoria en El Salvador como un esfuerzo por entender y comprender los procesos que configuran el presente y futuro del país.

Omar Luna presenta principales hallazgos encontrados en "El Libro Amarillo",
quien también recalcó la poca voluntad del Estado salvadoreño por preservar
información de valor relacionada con la memoria del país. Imágenes Libres.

El especialista de periodismo de precisión, Omar Luna, recalcó que los datos encontrados en este esfuerzo de trabajo de seis meses son contundentes: 244 personas fueron desaparecidas/asesinadas; 17 personas sobrevivientes, que finalizaron el conflicto armado; seis personas lisiadas sobrevivientes y una más fallecida/desaparecida perteneciente al Partido Revolucionario de Trabajadores Centroamericanos (PRTC).

Dichos hallazgos fueron obtenidos al cruzar la información de "El Libro Amarillo" con diferentes bases de datos, como el Muro a la Memoria y la Verdad y listados proporcionados por la Secretaría de Transparencia, Anticorrupción y Participación Ciudadana de la Presidencia de la República, la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES) y un excombatiente perteneciente al PRTC.

Luna también aprovechó la oportunidad para resaltar las dificultades del estudio, los cuales prueban la poca voluntad del Estado salvadoreño por preservar la información relacionada con la memoria, ya que su poder intrínseco opta por ser guardado/desaparecido, reforzando las prácticas de secretismo que alimentan la aún vigente cultura de perdón y olvido en el país.

El antropólogo sociocultural, Miguel Villela, establece comparativas de
investigación entre los hallazgos encontrados con "El Libro Amarillo"
y el Muro a la Verdad y la Memoria. Imágenes Libres.

Posteriormente, los aportes de la investigación fueron realzados por Miguel Villela, desde la perspectiva antropológica, quien retomó los planteamientos de una de las planchas colocadas en el Muro a la Memoria y la Verdad, en la cual se señala que "Es importante recordar […] para reconocer la verdad. Al reescribir la historia estamos dignificando la memoria de las víctimas y manteniendo la esperanza de sus familiares, porque sólo así, evitaremos que hechos como estos vuelvan a repetirse".

Manlio Argueta, director nacional de Bibliotecas, resaltó
la importancia de "El Libro Amarillo" como un insumo de interés
para profundizar en las contradicciones sociales que la
población debe conocer. Imágenes Libres.
Para el director nacional de Bibliotecas, quien aparece en "El Libro Amarillo" como miembro del Partido Comunista Salvadoreño (PCS), este tipo de esfuerzos "son un paso para abrir la conciencia de lo sucedido y encarar la verdad, pues El Libro Amarillo contiene parte de la historia oculta del país que revela contradicciones sociales que debemos conocer".

Durante su intervención, Argueta también aprovechó para retomar los planteamientos de Alberto Masferrer que, pese a haber sido publicados en 1,913, aún se mantienen vigentes dentro de la historia salvadoreña, ya que él aseguraba que "las tragedias de nuestro pueblo tratan de ocultarse (...) [Por tanto,] es función de todos esclarecer las marginaciones y limitaciones (que sufre nuestro pueblo)".

David Morales señala al "Libro Amarillo" como una evidencia
clara y contundente de las graves violaciones a los derechos
humanos durante el conflicto armado salvadoreño a manos
la máximas autoridades de la Fuerza Armada de El Salvador.
Imágenes Libres.
El procurador para los Defensa de los Derechos Humanos, David Morales, consideró que "'El Libro Amarillo’ es un documento histórico para el país, ya que es una prueba y un registro a las violaciones a los Derechos Humanos que se cometieron en el pasado (...) Había registros de la persecución política que se planificaba quiénes eran los objetivos a ser eliminados y eso se hacía desde los más altos niveles de la Fuerza Armada de El Salvador; por lo tanto, creo que no se debe seguir negando la existencia de esos archivos".
 

"El Libro Amarillo" en formato digital se presentó en el marco del décimo aniversario ESFOTOPERIODISMO, uno de los más importantes festivales de la región centroamericana en el ámbito de la fotografía documental, con la finalidad de reconocer que los archivos fotográficos son fuentes de información que pueden volverse en contra de las personas retratadas, tal como se vislumbra en este documento desclasificado, liberado hace dos años por el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington (UWCHR por sus siglas en inglés).

Ayúdenos a entender los sucesos del pasado para entender el presente del país. Si cuenta con registros o información que nos pueda ayudar a cruzar los datos contenidos en “El Libro Amarillo”, contáctenos a f.latitudes@gmail.com o visite esta innovadora herramienta digital.

La presentación de "El Libro Amarillo" en formato digital contó con la
presencia de invitados especiales y prensa nacional e internacional.
Imágenes Libres.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

"El Libro Amarillo" visto desde el Periodismo de Precisión

De alrededor de 2,000 nombres registrados en "El Libro Amarillo", 217
coinciden con el listado de fallecidos, asesinados y desaparecidos de
el Muro a la Verdad y la Memoria, ubicado en el parque de
Cuscatlán, El Salvador. Archivo/Imágenes Libres.

Mucho se ha contado de la historia de El Salvador, pero, gracias a la utilización de las nuevas tecnologías desde el periodismo de precisión, El Centro de la Fotografía de la Fundación Latitudes trae para usted “El Libro Amarillo”, documento secreto elaborado por el ejército salvadoreño para registrar opositores políticos con la finalidad de perseguir y exterminar a estos "Delincuentes Terroristas" (D/T), insumo que puede consultar de forma digital en este blog.

A través del periodismo de precisión, implementado desde los años setenta, se han esclarecido casos importantes en diversas partes del mundo. Ese "ver más allá de lo evidente" brinda lineamientos que ayudan a salirnos de la agenda oficial para encontrar diferentes puntos de vista con los cuales podemos adaptarnos a los cambios en nuestro entorno, cada vez más saturado a una asimetría y saturación informativa de lo que ocurre dentro/fuera de El Salvador. 

En ese contexto, lo que conocemos de la memoria histórica, entendida por García Bilbao (2010) como "un recuerdo colectivo, una evocación volcada hacia el presente del valor simbólico de las acciones colectivas vividas por un pueblo en el pasado", puede ser fácilmente alterada por parte de quienes se consideran protagonistas de la misma, en algunos casos, dirigentes y/o simpatizantes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), lo que conlleva, según Salamanca (2015), que "todas esas otras memorias —de ex patrulleros, de exiliados, de ex fundadores, de ex miembros del partido firmantes de la paz— están vivas, y en esa vitalidad, en lo vívido, reside su expulsión de la oficialidad".

Por esa razón, la apuesta de El Centro de la Fotografía de la Fundación Latitudes por incorporar el periodismo de precisión en sus esfuerzos de preservación de la memoria histórica yace en reconocer que los archivos fotográficos son fuentes de información que pueden volverse en su contra, como se vislumbra con “El Libro Amarillo”, documento secreto de consulta para el ejército salvadoreño en la época del conflicto armado con el cual construyó un compendio fotográfico de opositores políticos con la única finalidad de perseguir y exterminar a estos "Delincuentes Terroristas" (D/T).

Los datos son contundentes. Se encontraron alrededor de 244 personas fueron desaparecidas/asesinadas al cruzar con el Muro a la Verdad y la Memoria; alrededor de 17 personas, cuyos datos coinciden con un listado cruzado con la Secretaría de Participación Ciudadana, Transparencia y Anticorrupción de la Presidencia de la República de El Salvador; seis personas lisiadas sobrevivientes del conflicto armado según el listado de la Asociación de Lisiados de Guerra de El Salvador (ALGES); y una persona fallecida/desaparecida, según registros de personas desaparecidas/fallecidas del Partido Revolucionario de Trabajadores Centroamericanos (PRTC). 

"El Libro Amarillo" analizado desde el Periodismo de Precisión
evidencia la incapacidad del Estado por preservar información
poderosa relacionada con la memoria histórica de El Salvador.
Archivo/Imágenes Libres.

Esta iniciativa, además, se encontró con claras resistencias de parte de las autoridades gubernamentales, que aseguraron desconocer sobre la existencia de registros de personas que pudieron haber sido registradas en este documento secreto de consulta del ejército salvadoreño durante el conflicto armado salvadoreño. 

En primer lugar, la Academia Nacional de Seguridad Pública (ANSP) consideró inexistente la información de combatientes del FMLN incorporados a la conformación de la primera generación de efectivos de la naciente Policía Nacional Civil (PNC) posterior al conflicto armado. Por otro lado, el Archivo General de la Nación (AGN), resguardado por la Casa Presidencial (CAPRES), declaró inexistente el consolidado de combatientes del FMLN, que se realizó luego de la firma de los Acuerdos de Paz en 1992. 
Audiencia realizada ante el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) para solicitar los datos de listados combatientes del FMLN inscritos en FOPROLYD de 1995-adelante. 

Asimismo, el Fondo de Protección de Lisiados y Discapacitados a Consecuencia del Conflicto Armado (FOPROLYD) ha mostrado una contundente reticencia a develar el listado (nombre completo), desagregado por género, de combatientes lisiados que se han incorporado en sus registros desde 1995 en adelante. De su parte, la institución estatal recalca que, de revelar dicha información, "comprometería la filiación político partidaria de las personas incluidas en ese listado". 

Queda claro, entonces, la poca capacidad que tiene el Estado salvadoreño por la preservación de información vinculada con la memoria histórica, ya que la mayoría de estos insumos tienen un poder intrínseco y que, desde la perspectiva de los gobiernos de turno, optan por guardarla o desaparecerla, con lo cual se refuerzan las prácticas del secretismo en torno al pasado histórico del país, cuya máxima expresión en la todavía vigente cultura de perdón y olvido. 

En ese sentido, a dos años después de la liberación de este documento secreto, por parte del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington (UWCHR), lo ponemos a su disposición como una herramienta interactiva que le permitirá buscar y consultar el paradero de algún familiar o conocido(a) posterior al conflicto armado, con la cual, además, experimentará la sensación de ser buscado(a) y registrado(a), así como los miembros de las principales organizaciones opositoras durante ese mismo período. 

Entendemos, por tanto, que utilizar esta herramienta será una experiencia dolorosa para unos, reconfortante por estar vivo para otros, pero podemos asegurar que el conocimiento y profundización de estos acontecimientos en los anales de la historia salvadoreña permiten la comprensión de los procesos históricos que configuran nuestro presente, ya que, si continuamos perpetuando la cultura del perdón y olvido como lo venimos haciendo desde que finalizó el conflicto, corremos el peligro que estaremos construyendo, en palabras de Rebelion.org (2004) "nuestra historia como pueblo no con nuestro guión (sic), sino con el de los que promovieron (y promueven) el olvido. No somos, realmente, dueños de nuestro presente, porque sólo conocemos nuestro pasado vagamente”.

La investigación realizada por la Fundación Latitudes evidencia
las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante
el conflicto armado y así brindarles una respuesta los familiares
de las víctimas del conflicto armado salvadoreño.
Archivo/Imágenes Libres.


viernes, 4 de septiembre de 2015

"El Libro Amarillo" conduce al Monumento a la Memoria y la Verdad

Según  "El Libro Amarillo",  el 28 % de opositores políticos encontrados
 pertenecían a las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), una de las cinco
organizaciones que conformaron el Frente Farabundo Martí para
la Liberación Nacional (FMLN) en la época del conflicto
 armado salvadoreño. Archivo/Imágenes Libres. 

Por Miguel Villela
Antropólogo

Durante el Siglo xix, en Estados Unidos de Norteamérica, se llevó a cabo la colonización de los territorios occidentales de lo que hasta ese momento era conocida como la Unión. Aunado al exterminio de los indígenas, la construcción del ferrocarril, la fiebre del oro y muchos otros acontecimientos, las figuras del “comisario” y el “alguacil” jugaron un papel importante en el mantenimiento del orden, en contra de toda aquella persona potencialmente violenta y dispuesta a infringir la ley, y más aún, en la búsqueda de cualquier delincuente que fuera requerido por la justicia. Dentro de ese ambiente, es común leer relatos o ver películas en las cuales se muestra también a un cazador de recompensas en la búsqueda de algún “forajido” y con un cartelito con el retrato dibujado de la persona buscada, en el cual también se agregaba el monto de la recompensa bajo la consigna “se busca vivo o muerto”.

Dicha práctica ha llegado hasta la actualidad en diversos países, pero fue muy común que, durante las décadas de 1970 y 1980 en El Salvador, los distintos cuerpos de seguridad ahora extintos (Guardia Nacional, Policía de Hacienda, Policía Nacional, ORDEN, defensas civiles) y la Fuerza Armada, mantuvieran en sus diferentes puestos y locales carteles con fotografías de personas que eran buscadas por pertenecer a cualquier organización que tuviera algún vínculo con alguna de las cinco fuerzas que integraron el FMLN, con algún sindicato, con las comunidades eclesiales de base, por ser maestro, estudiante universitario, defensor de los derechos humanos o político de izquierda y, en general, por mostrar algún desacuerdo, oposición o crítica a los gobiernos en turno durante esas décadas, los cuales fueron llamados “enemigos”, “subversivos” o “guerrilleros” por los miembros de estas estructuras del Estado salvadoreño.


San Salvador, El Salvador. Octubre 1983.
Prisión de la Guardia Nacional. Visita a detenidos. CICR/Edouard Winiger. 

Muchos de estos carteles con fotografías y los listados de personas que estaban en los locales de los extintos cuerpos de seguridad y la Fuerza Armada fueron extraídos de un documento que ahora se ha conocido con el nombre de “El Libro Amarillo”, en el cual se puede leer en su portada la siguiente nota escrita a mano: “Que lo usen. Sacar fotocopias de las fotografías y ponerlo en boletinero para que conozcan a sus enemigos (sic)”. Y aunque en dicho libro no se da a conocer la manera en la cual era utilizado, sí hace énfasis en que su utilidad radicaba en la identificación de las personas que allí aparecen para obtener cualquier información sobre ellos y de la cual el Estado Mayor Conjunto de la Fuerza Armada haría la “correspondiente aplicación”.

Este libro es el producto del trabajo de las diferentes instancias de la inteligencia del Estado salvadoreño durante esas décadas, que coordinaron su información y lograron reunir a casi 2,000 ciudadanos salvadoreños considerados “Delincuentes Terroristas” (D/T) por la Fuerza Armada dentro de sus 266 páginas, que sufrieron en muchos de los casos detenciones ilegales, tortura, asesinato, ejecución extrajudicial, desaparición forzada y otras violaciones a los derechos humanos.

Este libro constituye por sí solo una prueba de la persecución política que se dio durante las décadas señaladas contra diferentes personas, sectores y organizaciones de la vida nacional por parte del Estado salvadoreño y confirma los argumentos presentados por la Comisión de la Verdad en El Salvador en cuanto a que en el país, además de los extintos cuerpos de seguridad y la Fuerza Armada, operaban organizaciones clandestinas destinadas a desaparecer, torturar, ejecutar y llevar a cabo acciones catalogadas como terrorismo de estado, las cuales fueron conocidas como escuadrones de la muerte, cuyo principal fundador según dicha Comisión fue el exmayor Roberto d’Aubuisson. 

Muchas de las actividades de estos escuadrones estuvieron relacionadas con la información que era provista por los organismos de inteligencia del estado, señala este informe. Como datos que se pueden destacar a raíz del “El Libro Amarillo” es relevante el aporte del Centro por los Derechos Humanos de la Universidad de Washington que investigó un comunicado de 1980 del “Ejército secreto anticomunista” ligado a la extrema derecha del país, el cual hizo circular una “lista negra” de más de 200 nombres entre los cuales al menos 32 figuran en este libro. Otro aporte importante en esta misma dirección es el que da la Fundación Latitudes de El Salvador, al hacer un cruce de información de los nombres que aparecen en este libro con los nombres que están esculpidos en el Monumento a la Memoria y la Verdad, allí encuentra que hay 210 coincidencias entre ambos listados.

Un monumento para el recuerdo de las personas desaparecidas y asesinadas durante el conflicto armado.


De "El Libro Amarillo", encontramos 217 personas fallecidas/desaparecidas
que aparecen en El Monumento a la Verdad y la Memoria,
 ubicado en el parque Cuscatlán, El Salvador. Archivo/Imágenes Libres.

El Acuerdo de Ginebra que firmaron la guerrilla del FMLN y el gobierno de El Salvador el 4 de abril de 1990, planteó varios objetivos entre los cuales se contemplaba la finalización de la guerra por la vía política-negociada, impulsar la democratización del país y el irrestricto respeto de los derechos humanos y reunificar a la población salvadoreña. Para contribuir con el logro de estos objetivos y, como parte de los Acuerdos de Paz que firmaron el 16 de enero de 1992, ambas partes se comprometieron a dar cumplimiento a las recomendaciones que emanaran de la Comisión de la Verdad, que fue creada con la finalidad de investigar los graves hechos de violencia ocurridos desde 1980, cuya huella sobre la sociedad reclamaba con mayor urgencia el conocimiento público de la verdad.

Dicha Comisión expresó que, para alcanzar la meta del perdón, se debía conocer la verdad y hacer justicia, lo cual significaba sancionar a los culpables y llevar a cabo una reparación debida a las víctimas y familiares. Esta reparación implicaba tres aspectos: a) una reparación material, que instaba a las partes a la creación de un fondo especial para compensar a las víctimas de la violencia, b) una reparación moral, donde se recomienda la construcción de un monumento nacional en San Salvador con el nombre de todas las víctimas del conflicto, el reconocimiento de la honorabilidad de las víctimas y de los graves delitos de los que fueron víctimas y el establecimiento de un feriado nacional recordatorio de las víctimas del conflicto y de afirmación de la reconciliación nacional, c) el seguimiento para que se diera cumplimiento con estricto rigor a las recomendaciones, en el ámbito nacional a través de un Foro de la Verdad y Reconciliación y en el ámbito internacional a través del Experto Independiente para El Salvador en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (“De la locura a la esperanza”: Informe Comisión de la Verdad, 1993).


 "El Libro Amarillo" contiene alrededor de 2,000
nombres de personas consideradas "Delincuentes Terroristas" (D/T)
durante la época del conflicto armado salvadoreño. Archivo/Imágenes Libres.

Sin embargo y a pesar del compromiso adquirido por ambas partes, el 20 de marzo de 1993 el presidente Cristiani, en complicidad con la Asamblea Legislativa, anunció el Decreto Legislativo N.° 486 denominado “Ley de Amnistía General para la Consolidación de la Paz”, con el cual todas las personas implicadas en los graves hechos que señaló la Comisión de la Verdad quedarían en la impunidad. Dicha Comisión había presentado su informe solamente cinco días antes del anuncio del Decreto y con ello se cerró toda posibilidad de que se enjuiciara a los responsables de graves violaciones a los derechos humanos y más aún se negó la posibilidad de que las víctimas pudieran recibir la reparación material y moral que la Comisión recomendó.

Desde junio de 1997, un grupo de familiares de las víctimas y representantes de organizaciones de la sociedad civil retomó la recomendación que diera la Comisión de la Verdad en cuanto a la construcción del memorial a las víctimas del conflicto armado. Así, por la omisión del gobierno, surgió y se constituyó el Comité Pro Monumento a las Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos que comenzó a realizar colectas y todas las gestiones necesarias para llevar a cabo su construcción. El sábado 31 de enero de 1998, el Comité reunió a familiares, líderes en derechos humanos y la vida nacional, religiosos, diversas organizaciones y población en general en el parque Cuscatlán a las 2:00 p.m., para que fuesen testigos y partícipes de la colocación de la primera piedra del Monumento. 

En el marco de dicho acto, el novelista Manlio Argueta declaró que “la nación no puede surgir de los dolores ignorados y la justicia no cumplida. No puede haber visión de futuro si no se incluye el pesar de cientos de hombres y mujeres que han sido víctimas, no sólo de la marginación social, sino también de la injusticia de no poder honrar los restos de sus familiares” (Co-Latino, 28 de enero de 1998). En este mismo sentido, el Comité manifestó que el objetivo del monumento radica en que:

este espacio pretende ser un lugar de reencuentro entre familiares y la sociedad en general, que permita la realización de actos públicos y de carácter masivo. [Además,] pretende transmitir vida y deseo de lucha por la vida y pretende que las nuevas generaciones de salvadoreños y salvadoreñas sean inspiradas hacia la búsqueda de la razón y la construcción de nuevas formas de convivencia social donde la impunidad no tenga cabida (Revista Memoria y Verdad 2001).

Familiares de víctimas del conflicto armado
salvadoreño los recuerdan cada 2 de noviembre
en el Monumento a la Memoria y la Verdad, ubicado
en el parque Cuscatlán, El Salvador.
Archivo/Imágenes Libres.
El Monumento a la Memoria y la Verdad fue inaugurado el 16 de enero de 2002, el día que se celebró el décimo aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz. Fue construido en la esquina noroeste del parque Cuscatlán con el afán de ser un espacio para la reflexión nacional sobre el periodo de la guerra. Está constituido por un Muro de los Nombres de 48 piezas de granito de 2.88 m. de altura y una longitud total de 89.36 m., un mural y el espacio de jardinería. El listado de los nombres que está tallado en el Muro es de las víctimas civiles del conflicto armado; por ello, no aparecen allí los nombres de los miembros de la Fuerza Armada, de los extintos Cuerpos de Seguridad o de las organizaciones guerrilleras que murieron en enfrentamientos. El Comité debió llevar un arduo trabajo de unificación y depuración de nombres que provinieron de la lista de la Comisión de la Verdad y de los listados de diferentes organizaciones de Derechos Humanos, y aunque el Comité estableció criterios estrictos para depurar los listados con la finalidad de evitar repeticiones y errores. En el listado hay nombres de personas que aparecieron después de la guerra, debido a la poca información que los familiares tenían y la cual dieron a las organizaciones que la recopilaron en su momento, así como al temor que sentían muchas personas por el ambiente de incertidumbre que se vivió después de la guerra. Además, el Comité recopiló nombres de víctimas de la década desde los años setenta, las cuales no fueron incluidas en la Comisión de la Verdad.

En la primera plancha se puede leer:

Este es un espacio para la memoria, su intención es inmortalizar en la conciencia salvadoreña los nombres de mujeres y hombres, niñas y niños, víctimas de violaciones a los derechos humanos […] Este es un memorial para el encuentro, para nunca olvidar, para honrar su memoria, devolverles la dignidad, no permitir que el horror se repita y sembrar las bases para una cultura de paz y de verdadera reconciliación.

En las siguientes planchas, se encuentran los nombres de 25,965 personas, los cuales están ordenados por año, desde 1970 hasta 1992, y aparecen primero las personas asesinadas y después las personas desaparecidas.

El 15 de marzo de 2008, fueron incluidos los nombres de 3,169 personas más, asesinadas y desaparecidas entre las mismas fechas, pero que no pudieron aparecer en la sección anterior, sobre todo porque muchas personas al terminar la guerra, por miedo no se presentaron ante el Comité para dar información sobre sus familiares. En la plancha 37, se lee que ellas “ofrendaron su vida por construir una sociedad más justa y equitativa. Honremos su memoria y trabajemos por construir un país con dignidad, justicia y verdad”.

El 30 de abril de 2009, fueron incluidos los nombres de las 194 masacres que el Comité pudo documentar, con ello quiso cerrar los casos de las personas que no parecen en el Monumento por diferentes razones.

La plancha 45 reza:

Es importante recordar […] para reconocer la verdad. Al reescribir la historia estamos dignificando la memoria de las víctimas y manteniendo la esperanza de sus familiares, porque sólo así, evitaremos que hechos como estos vuelvan a repetirse.

Y también incluyeron la frase:

A las víctimas civiles anónimas, como homenaje de respeto y admiración. Su nombre es Patria.


San Salvador, El Salvador. Octubre 23, 1984.
Prisión de la Policía Nacional. Visita a detenidos. CICR/Thierry Gassmann. 

Desde el año 2002, miles de familias tienen un lugar donde pueden recordar, enflorar y colocar velas a sus familiares asesinados y desaparecidos durante el conflicto armado que vivió El Salvador. En este sentido, la Comisión por la Memoria Histórica, que surgió en 1997, se ha dado a la tarea de llevar a cabo anualmente la conmemoración a las víctimas de la guerra cada 1 o 2 de noviembre, con la cual reúnen a familiares, amigos y amigas y organizaciones de derechos humanos para recordarles. Además, mucha gente que visita el país y conoce un poco de la historia salvadoreña, acude al Monumento para conocerlo.

En torno a este espacio, también ha sucedido que en varias ocasiones, marchas que han transitado en las afueras del parque Cuscatlán han hecho una parada en el costado adyacente al Monumento para llevar a cabo un pequeño acto en recuerdo de las víctimas y para hacer explícito que El Salvador tiene ahora un mínimo de garantías que permite abiertamente las protestas y marchas en las calles, con lo cual exponen directamente sus demandas sociales en este lugar. Un ejemplo muy claro de esta situación se da cada 24 de marzo, fecha del aniversario del asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, ya que por la mañana las organizaciones sociales efectúan una marcha política y al pasar por el parque llevan a cabo un pequeño mitin en el que se exige justicia por su asesinato, y por la noche, cuando una fundación con carácter religioso pasa con su “procesión de los farolitos” en ese mismo lugar y lleva a cabo una “estación religiosa” con un rezo.

Este espacio ahora se ha constituido en un lugar de memoria, ya que El Monumento a la Memoria y la Verdad es visitado durante el transcurso del año por familiares y otras personas que recuerdan a quienes desaparecieron o murieron durante el conflicto armado en El Salvador y cuyos nombres aparecen en el Muro porque no combatieron, pero sí fueron personas que lucharon por cambiar las estructuras de desigualdad, de injusticia, de condiciones en la calidad de vida (salud, vivienda, educación, alimentación, etc.), y esa búsqueda de un futuro mejor para la población salvadoreña aún suena en las voces de quienes les recuerdan en este Monumento, estas personas llegan allí porque quienes desaparecieron o murieron durante el conflicto armado les motivan a continuar con la lucha que no pudieron ver concluida. 

Ahora la principal demanda que se escucha en este lugar es la de justicia, porque quienes visitan este Monumento aún no encuentran los cuerpos de las personas desaparecidas, porque aún no tienen una reparación moral ni económica de parte del Estado, pero lo que es más grave, porque aún no tienen la verdad de los hechos ya que no se quiere juzgar a los responsables, y esta situación tiene un vínculo con el pasado, y fue Monseñor Romero quien se refirió a ello diciendo: “Porque me decía un pobrecito una frase que no se les va a olvidar a ustedes, como no se me olvida a mí: Es que la ley Monseñor, es como la culebra, sólo pica a los que andamos descalzados (Homilía, 20/08/78). Y, con ello, se referían tanto el campesino como Romero a que la justicia no llega a los pobres. Estas personas que acuden al Monumento siguen atentas de las noticias que aparecen sobre la posible derogación de la ley de amnistía de 1993 porque tienen la esperanza de que algún día se hará justicia y en El Salvador se podrá alcanzar la anhelada reconciliación.

El “Libro Amarillo”, por tanto, condujo a la Fundación Latitudes a buscar entre los nombres del Monumento a la Memoria y la Verdad las coincidencias que pudieran existir entre ambos listados, y fueron encontradas. Ahora hay que esperar que este mismo libro pueda conducir a las instituciones del Estado que velan por la justicia a que se haga justicia en El Salvador, con los casos de las personas desaparecidas y asesinadas durante el conflicto armado.


San Salvador, El Salvador. Octubre 23, 1984.
Prisión de la Policía Nacional. Visita a detenidos. CICR/Thierry Gassmann.

viernes, 21 de agosto de 2015

El Libro Amarillo


San Salvador, El Salvador, agosto 2015. En el marco del décimo aniversario de ESFOTOPERIODISMO, uno de los principales festivales de la imagen en la región centroamericana, El Centro de la Fotografía de la Fundación Latitudes presenta "El Libro Amarillo" convertido en una herramienta multimedia.

Este fue uno de los principales documentos con los cuales el ejército salvadoreño registraba a miembros de organizaciones opositoras —denominados Delincuentes Terroristas (D/T), con la finalidad de perseguirlos y exterminarlos. Sumado a eso, los principales hallazgos de esta innovadora iniciativa revelan las graves violaciones cometidas a los derechos humanos cometidas en la época del conflicto armado, ya que alrededor de 217 personas se encuentran asesinadas y desaparecidas, según la base de datos de diversos documentos de la memoria histórica revelan que alrededor de 217 personas fueron desaparecidas o asesinadas, tres personas lisiadas sobrevivientes y una persona desaparecida pertenecientes al PRTC.

Esta acción, además, se trabajó en un período de seis meses con el interés de demostrar la importancia de los archivos fotográficos de una forma educativa, con lo que, al valerse de diversas bases de datos de personas desaparecidas, lisiados de guerra y un listado de personas que pertenecieron al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), se demostró que muchas de las personas que aparecen fichadas en él ahora se encuentran en los diferentes listados de muertos, exiliados y otros que efectivamente eran militantes de dichas organizaciones, de los cuales quizá nunca se conozca su verdadera identidad.

Si usted conoce a una persona que haya desaparecido durante la época del conflicto armado salvadoreño y considera que pudo haber estado en el listado utilizado por la Fuerza Armada de El Salvador, envíenos sus datos a f.latitudes@gmail.com para que podamos comprobar si se encontraba fichado dentro de uno de los principales registros de D/T en El Salvador.

Indicación general. Dele un compás de espera de 05-10 minutos de espera a la plataforma para que pueda consultar "El Libro Amarillo" en formato digital.